Fútbol y sociedad peruana
por Miguel Salcedo · publicado el 23 Abril 2016 · actualizado el 23 Junio 2017

Desde su creación formal en 1927, la Federación Peruana de Fútbol representada por nuestra selección nacional de fútbol de mayores, participó en cuatro mundiales y ha obtenido dos campeonatos de “Copa América”. A nivel de clubes, solo uno ganó dos torneos internacionales (Copa Sudamericana y la Recopa). Ahí quedaron nuestros cortos palmarés. Lo demás fueron chispazos y atisbos de triunfo. Es paradójico, pero visto desde un enfoque resultadista, nuestra pasión por el fútbol no se ha ido forjando por victorias, sino todo lo contrario, nos aferramos en un sueño eterno en el que visualizamos nuestra participación en un mundial o ganando un título internacional.

Entonces, si nos encontramos con este antecedente, la pregunta que salta a la vista sería ¿Por qué en nuestro país el fútbol se convierte en pasión? ¿Por qué dos o tres goles parecieran reconciliar a tantas personas con la sociedad y con las dificultades presentes del día a día? ¿Por qué sin los triunfos de nuestro club o país no sabríamos cómo explotar de alegría, no encontraríamos excusa para abrazarnos con el vecino y nunca se nos ocurriría saltar despreocupadamente por las calles?

El fútbol actúa como un producto cultural, constituye un pasatiempo, una distracción, un recreo que actúa como “moratoria psíquica”. Nos aleja de las miserias de la realidad cotidiana, de las preocupaciones interiores y nos transporta a otra realidad, la del juego. Además, nos permite liberar controladamente la agresividad de la cultura, que es limitada por convencionalismos sociales. Aquí, el adulto puede liberar al niño que tiene dentro, podemos adentrarnos en un proceso de catarsis sin muchos límites.

Es que el futbol nos ofrece un espacio en el que buscamos el entretenimiento, como deporte resulta atractivo, ver los movimientos y sutilezas de algunos virtuosos. Así mismo, se presenta como un escenario en el que nos desvinculamos con la realidad, con los problemas en casa o los desperfectos de nuestra sociedad, nos olvidamos por completo que en términos económicos existen trabas, tanto de acceso a oportunidades de empleo como de mejorar la calidad de vida.

Nos olvidamos de los malos actores políticos (también, hay algunos buenos), de las inadecuadas acciones del estado y de las noticias que casi siempre tienen un tinte desolador, violento o enmarcan alguna manifestación de violencia.

Por otra parte, en nuestro país, el fútbol tiene un matiz antagónico, la gente deja de lado los resultados, que por cierto, a lo largo de la historia no fueron tan favorables. A pesar de ello, el deporte rey tiene goza del apasionamiento de mucho peruanos, como si las derrotas nunca hubieran existido, eso no interesa, la ilusión se renueva cada día, en cada nuevo partido, eliminatoria o campeonato.

Es un deporte que es parte de un sistema y que además comprende un mar de estadísticas; sin embargo, en nuestro esquema mental los números no importan, el pequeño le puede ganar al gigante, este deporte es impredecible y eso es lo que alimenta y crea entornos aparentemente infinitos donde siempre existirá la opción que nuestro propio club o país pueda sea el mejor.

Y nosotros los peruanos sabemos muy bien de eso. Sin embargo, los esporádicos triunfos de la selección en cualquiera de sus presentaciones, o de algún club en un torneo internacional corean un efecto de patria única, euforia nacional y hermandad temporal tan buena y rápida como lo que dura gritar un gol.

El balompié es el motivo de socialización más perfecto que podemos encontrar. Ya sea en una ciudad en Loreto, o en un pequeño centro poblado en Huancavelica, el fútbol se convierte con gran facilidad en un motivo de conversación, en un pretexto de socialización, en un sentimiento que no avergüenza compartir en cualquier lugar con desconocidos. Cuando asistimos a un estadio y gritamos un gol de nuestro equipo, nos confundimos en un abrazo con el del costado, no importa quién sea, por lo menos en ese momento somos hermanos, miembros de un colectivo que vibra y sufre al ver a sus once guerreros en acción. De este modo, conocemos a muchos amigos entrañables, compañeros de tribuna o cemento que vemos esporádicamente.

Futbolista peruano

En cuanto a las dinámicas familiares, cuando juega la selección, estas se juntan, pactan e día y la hora para reunirse, comer o beber algo tal vez, previo al partido “para ir calentando motores”. Es indiferente el estrato socio-económico, geográfico o de cualquiera otra variable, todos vivimos y sufrimos viendo a nuestra selección, ese conjunto de futbolistas que tienen el apoyo de treinta millones de peruanos y que nos representan en todo el sentido de la palabra, trasladamos todas nuestras expectativas en ellos (tienen una mochila grande), debido a que un triunfo o clasificación a un mundial podría tener tal impacto a nivel familiar, laboral, académico, etc.

Es que cuando gana la selección ganamos todos. Puede haber una fiesta o se puede decretar feriado, el o los días posteriores a una clasificación y nadie estaría en desacuerdo; ante tanta falta de logros, triunfos y desniveles en temas de identidad nacional, el fútbol puede cubrir todas están carencias en tal solo noventa minutos, puede adoptar un espacio de reconciliación entre el peruano y su nación.

Quizá, la mirada que tenemos del fútbol y su práctica nos tiñe tal y como es nuestra sociedad, indiferente, optimista o masoquista, leal o sin memoria, no lo sé, pero si paradójica en toda su dimensión. No importa, con o sin triunfos disfrutamos el fútbol, es una especie ilusión comunitaria, compartimos el mismo anhelo de ganar un torneo internacional o ir a un mundial… Ojalá y se de pronto.

Artículos relacionados

2 Comentarios

  1. No es fácil dejar de seguir el fútbol, al menos nuestro fútbol, que tanta historia tiene y grandes jugadores tuvimos en épocas pasadas, en la ideología de la gente siempre esta en mente el fútbol, pues somos un publico que siempre espera mas de sus clubes y su selección.

  2. Entiendo que el pueblo peruano vive del pasado, y tiene esperanza que los jóvenes de ahora lleguen al nivel de los jugadores del pasado, pues lamentablemente no es asi, debemos ser realistas y ver de otra forma esta realidad futbilistica.