En el fútbol como en la vida
por Miguel Salcedo · publicado el 5 Abril 2016 · actualizado el 11 Julio 2016

En el post anterior abordamos la importancia del juego con una pelota, sus respectivas consideraciones relacionadas a la comprensión de nuestro entorno, implicancias a nivel de rasgos de personalidad, la forma en cómo las actividades lúdicas sirven de escenario para experimentar el inicio a nivel del contacto interpersonal con los pares y lo más esencial, el placer y satisfacción que produce jugar con un balón.

Si tuviéramos la posibilidad de escoger la primera palabra que desearíamos pronunciar, muchos de nosotros, sin pensarlo, elegiríamos la palabra “gol”; esta expresión tan sagrada puede despertar en nosotros la alegría más indescriptible; así como la tristeza más insondable. El “gol” lo podemos ubicar en un solo espacio, no podríamos imaginar a esta palabra dentro de un escenario que no sea un partido de fútbol.

Y es que este deporte nos abre las puertas a un mundo diferente, marca un hito en nuestras vidas, no nos importa si el contacto con la pelota o la redonda como quieran llamarle, se produce en una losa del barrio, un campo de fútbol o en la pista, una vez que inicia el partido todo queda de lado, nos olvidamos del universo, dejamos que nuestro cuerpo y mente se adentren en un sin fin de emociones, deleites y placeres.

Pero, ¿El placer y la diversión son elementos que siempre aparecen en el fútbol?, tomaremos el ejemplo de Ernesto que nos permitirá responder a esta pregunta algo obvia y a la vez compleja. A Ernesto como a la mayoría (me incluyo), su padre lo incitó y motivó para que practique este deporte maravilloso.

El deseo de muchos padres aficionados al fútbol, es que alguno de sus hijos se convierta en “crack” o súper estrella; sin embargo, muy pocos son los que tienen esa suerte, algunos otros padres ven a sus hijos convertirse en un jugador semi-profesional o amateur, y algunos otros (como en el caso de mi padre) deben resignarse a apreciar el desenvolvimiento de sus hijos en los distintos campos profesionales o actividades laborales que les permite bregar por el mundo.

El vínculo de Ernesto con el fútbol tuvo su estreno a los seis años, a esta edad empezó la fascinante incursión en el deporte rey, su padre, hermano y un parque (de esos que ya no existen, verdes, sin rejas, cuidados y con un amplio espacio que permitía que las familias se concentren y compartan momentos juntos) y la protagonista, la pelota, eran los elementos suficientes que permitieron la entrada a un mundo increíble en el que lleva incluido casi 21 años, de la manera más linda y antagónica.

Digo antagónica, porque el fútbol le regaló, triunfos y derrotas, alegrías y penas, esto debido a que participó en distintos torneos de menores organizados por instituciones deportivas del país, además de ser parte de la selección de fútbol de los distintos colegios a los que pertenecía, por participar en distintas competencias, y sobre todo por ser hincha de un club histórico y tradicional que lo convirtió en una rara mezcla de carne y hueso que lo llevo a forjar una pasión sustentada más con pena que con gloria y que en su piel tiene una franja roja en el pecho (para esto, más adelante le dedicaremos un post a esta pasión por su club).

Sus primeros años en el fútbol fueron los más felices, Ernesto jugaba por diversión y placer, no esperaba los fines de semana, no tenía reparo en hacerlo después del colegio, era el espacio perfecto, amigos y fútbol, no pedía algo más. Esta escena se repetía muchas veces a la semana y los motivos de realizar este ritual deportivo era con el fin de divertirse, de sentir, ya sea enojo cuando perdía un partido o fallaba un tiro de gol y algarabía cuando se alzaba con la victoria. Disfrutaba de la forma más natural y espontánea ese momento en el que una vez más veía a sus amigos, conversaba e interactuaba con ellos, compartían la misma pasión, la misma locura infinita, como fiesta de los ojos que lo mira y la felicidad del cuerpo que lo juega.

Ernesto, comía y soñaba fútbol, si no lo practicaba lo veía por televisión, lo comentaba en el colegio o con los amigos del barrio. Además, el fútbol le daba la maravillosa posibilidad de poner en práctica su capacidad creativa al momento del partido, así como nuevas jugadas, bloopers, estrategias y cambiar ciertas reglas.

Previo a un partido podemos poner al máximo nuestra imaginación y visualizar ciertas situaciones que pueden llegar a ocurrir en un partido de fútbol, así como acciones a ejecutar en pro del equipo al cual pertenecemos. Todo esto parte de la naturaleza fascinante que nos brinda el fútbol cuando se realiza por placer.

Como todo deporte colectivo, en el fútbol estamos expuestos al contacto interpersonal tanto dentro y fuera de la cancha; producto de ello es que en determinado momento de las dinámicas grupales, por iniciativa de alguno de los miembros, se decide “formalizar” un equipo y con la ayuda de un adulto (casi siempre) es que el grupo da por cerrado su participación en un campeonato. El caso de Ernesto fue un calco a la descripción anterior, un amigo se enteró de la existencia de un torneo de menores y tuvo la brillante idea de participar, hecho que los demás amigos de Ernesto vieron con buenos ojos.

He aquí el punto de quiebre del post, el hecho de participar en un torneo implica entrar en un terreno donde la competencia directa entre equipos cobra vida. Es así que al pasar de los años, Ernesto tiene 9 años de edad y será su debut en un partido oficial en un campeonato metropolitano. La noche anterior no pudo dormir; insomnio producto de la ansiedad propia del partido lo llevan a elaborar las siguientes ideas:

Espero que mañana ganemos”, “Ojalá no cometa errores”, “Tengo que ganar y ser el mejor”.

Esto responde a manifestaciones de auto presión y auto sugestión, en el que el deportista, sea amateur o profesional, empieza a crear producto la angustia e incertidumbre, y sobre todo, de las ganas de no fallar, cumplir sus propias expectativas, así como la de sus padres, entrenadores compañeros y público asistente.

Es natural, por presiones sociales e individuales, los seres humanos deseamos tener buenas actuaciones y éxito en las distintas actividades que realizamos, el fútbol, es un más de ellas, en el que el jugador siente miedo al fracaso y de no hacer un buen papel.

La participación en torneos fue una constante, en ocasiones representando al equipo de su barrio o los colores del colegio, tuvo un desempeño muy bueno en todos los años; sin embargo, lo que más marco su estancia en el fútbol, fue lo que le producía cuando lo hacía por diversión y por la necesidad de competir, la ansiedad, incertidumbre, pensamientos agobiantes que le producían tensión, no siempre, si cuando afrontaba contiendas importantes.

Terminó el colegio a los 16 y con ello se fue el conjunto de presiones e ideas que le producían ansiedad. Desde hace algunos años el deporte lo práctica porque si, como muchos en nuestro país institucionalizamos el contacto con amigos y el mejor escenario es un campo de fútbol para unas pichangas con el fin de dejar el cuerpo libre, disfrutar y relajarnos.

“La historia del fútbol es un triste viaje del goce al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí”.

Para cerrar, quise citar una frase de Eduardo Galeano, intelectual, escritor y periodista de origen uruguayo que resume en pocas palabras lo que quise dar a conocer, en parte, en este humilde espacio.

Artículos relacionados

4 Comentarios

  1. Es el anhelo de cada niño; sin embargo, la vida nos pone distintos caminos y senderos. A pesar de ello, muchos optamos por seguir al fútbol como espectáculo y distracción.

  2. Como padre también inculco a mis dos hijos a hacer deporte, es este caso el fútbol es uno de ellos que practican en el colegio, pero no veo a mis hijos como futbolistas solo hago que lo vean como un deporte y que lleven una vida sana, pero si otros padres tienen este sueño pues adelante si se puede.

  3. Es muy cierto, quien no soñó de niño ser futbolista, muchos de nosotros, sueño que se va alejando al pasar de los años y conforme crecemos, llegando a ver la realidad que no todos logran dicho sueño, es un camino difícil, pero no imposible, como la vida misma.

  4. Cuando era niño jugaba todos los días al fútbol y me divertía mucho con mis amigos del colegio, pero cuando crecí el fútbol solo lo podía ver por la televisión, con el tiempo me aburrió y ahora no lo sigo nunca.

compartir