San Martín de Porres. Más allá de la santidad
por Mia Rivera · publicado el 30 Octubre 2017 · actualizado el 12 Noviembre 2017

Cada 3 de Noviembre se celebra la fiesta de San Martín de Porres, santo emblemático, conocido por su humildad. Martín de Porres es un santo célebre, en nuestro país debido a esto diversas instituciones, áreas urbanas, etc. llevan su nombre. De igual forma, se le tiene un especial interés en otros lugares como Estados Unidos, Europa y Asia, motivo por el cual se le rinde culto en esas regiones. Sin embargo, si nos preguntan: ¿quién fue San Martín de Porres?, lo primero que se asoma a nuestro recuerdo es, probablemente, solo la imagen del santo mulato, ese santo de color. Pero, ¿sabemos en realidad acerca de él? ¿Se sabe sobre su historia? ¿Se sabe sobre lo que tardó su beatificación, canonización y por qué esa demora? Los invito a leer el siguiente artículo y a conocer más sobre quién fue San Martín de Porres.

Historia: llamado a ser santo

Martín nació en 1579, durante el virreinato, en el barrio de San Sebastián en Lima, fue hijo de Juan de Porres, natural de Burgos y de Ana Velázquez esclava liberada natural de Panamá. Martín no recibió el reconocimiento de su padre como hijo, lo cual se evidenció cuando Juan de Porres no quiso firmar la partida de bautizo de Martín. Años después, Juan de Porres decidió aceptar a Martín y a su hermana menor, Juana, como hijos debido a que observó que estaban creciendo en una situación precaria, sin estudios, sin padre, sin maestros.

Martín vivió en Guayaquil, en donde aprendió a escribir y al regresar a Lima se dedicó a las labores de herborista y barbero, oficios relacionados con conocimientos de farmacia y medicina. En este sentido, Martín empieza su labor en el cuidado de los otros. Su vida religiosa inicia cuando entra a la Orden de Santo Domingo como “donado” debido a que era considerado hijo ilegítimo, es por esto que desarrolló las tareas más humildes durante casi nueve años.

Martín muere el 3 de noviembre a los sesenta años de edad, fecha en la que, en la actualidad, se celebra la fiesta del santo. ¿Por qué en su muerte?, porque, para los católicos, la muerte simboliza el reencuentro con Cristo. Entonces, ¿cómo no ser esta una fecha de celebración?

Historia de milagros: “Yo curo, Dios sana”

San Martín de Porres, el santo de la humildad, a pesar de los “poderes” que algunos podían atribuirle de sanación, él dedicaba su vida entera a Dios. Él se concebía como instrumento y a Dios como aquel que hace y deshace en la tierra y los cielos.

A continuación, los milagros que lo llevaron a la canonización.

El primero de ellos le fue concedido a Elvira Moyano, una mujer soltera, que vivía en una casa señorial. Un día le entró un pedazo de vidrio al ojo. Los especialistas que revisaron su ojo dijeron que era irremediable, lo había perdido. Llegó a las manos de Elvira una estampa de Fray Martín, la cual puso en su ojo con un paño húmedo y durante la noche sentía como el ojo le crecía. A la mañana siguiente fue a ver al cirujano: tenía un ojo nuevo.

El segundo milagro sucedió en un niño de dos años que había caído de un balcón de un segundo piso al patio interior de una casa en Lima. El niño se había roto la cabeza y no le daban esperanzas de vida. Su familia pidió ayuda a Fray Martín y el niño amaneció completamente recuperado sin ninguna secuela. Los especialistas decidieron que no había una explicación natural, por lo tanto, afirmaron que fueron milagros y Martín sería, entonces, beatificado.

Así fueron sucediendo milagros, al pedirle a Fray Martín que interviniera, en el resto del mundo como en Panamá, España, etc., en donde siempre se demostraba que lo que ocurría sobrepasaba lo natural.

Beatificación, canonización: Controversias

A pesar de la muerte de Martín en 1639 y del inicio de la recolección de las declaraciones de las virtudes y milagros por Pedro Villagómez en 1660, no fue hasta 1837 cuando fue beatificado por el Papa Gregorio XVI, y es en 1962 cuando el Papa Juan XXIII canonizó a Martín de Porres, por quien sentía una profunda devoción.

Si damos una mirada atrás, vemos que Santa Rosa de Lima, coetánea a Martín, murió en 1617 y su canonización fue en 1671. Esto último nos invita a pensar definitivamente en las diferencias.

¿Por qué se demoró tanto la canonización de Martín de Porres?

La historiadora Celia Cussen, quien lleva dos décadas estudiando la vida de Martín de Porres, afirma que es indudable que Santa Rosa tuvo mayor aceptación sobre todo en Lima. Martín de Porres, en cambio, fue una figura más relacionada con los dominicos, hecho por lo que podría atribuírsele el no haber sido tomado tan en cuenta; sin embargo, lo que tuvo mayor peso, en su demora de la canonización fue el color de su piel. La investigadora deja en claro que eso no le favoreció y fue indudablemente eso lo que contribuyó más a la demora.

Conclusión

Con la intención de darles a conocer un poco más de la vida de San Martín de Porres, confío en que lo escrito pueda ser leído incluso por aquellos que andamos inmersos en la presuntuosa tarea de evitar relacionarnos con todo aquello que refiere creencias religiosas.

Así sea por temor o un simple desinterés o por algo que va más allá de lo que sabemos o podemos nombrar, no podemos dejar de reconocer que la historia de Martín de Porres es un ejemplo de aceptación, comprensión, disposición y entrega.

La historia de San Martín es la del primer Santo mulato de América (como refleja la película Un mulato llamado Martín de Tito Davison en el 1974); la historia de Martín es también la de un ser humano, a quien su color de piel le puso trabas, le dificultó lograr lo que deseaba; la historia de Martín es la de un hijo ilegítimo, que convivió con el rechazo de su padre desde muy temprana edad; Martín es un símbolo de aceptación y amor a nuestra propia historia y, probablemente, también, en algún sentido, un ejemplo de que un corazón lleno de fe hace milagros.

3 Comentarios

  1. Fray Martincito derrama tu bendición en mi hogar. Amen.

  2. Mas allá de creencias religiosas, la historia y vida de San Martín, es un claro ejemplo de amor y servicio hacia el prójimo sin pedir nada a cambio.

  3. San Martín es recordado con la escoba, que es símbolo de su humilde servicio. San Juan XXIII al canonizarlo en 1962: “¡Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos lo feliz y maravilloso que es seguir los pasos y obedecer los mandatos divinos de Cristo!”.