Chabuca Granda y la Flor de la Canela
por Marcos Enciso Funes · publicado el 26 Diciembre 2016 · actualizado el 23 Junio 2017

Chabuca Granda es la cantautora peruana más reconocida a nivel mundial y un ícono de la música internacional por representar un sentimiento notable y galantería propia, el sentir de la gente. Chabuca interpretó a personajes de su querida Lima con numerosas canciones ahondando en la memoria cultural de toda Latinoamérica.

María Isabel Granda Larco, conocida como Chabuca por ser diminutivo de Chabela, revolucionó los valses criollos de su época, utilizó letras y ritmos afro-peruanos que le sirvieron para expresar lo mucho que tenía que decir. Su sensibilidad y estimación hacia la variopinta cultura peruana sintetizaba su forma de ver la vida. A sus personajes los consideraba más importantes que su fama, una manera especial que solo tienen los genios, allá por los tiempos de la Lima de los años 50.

Biografía

Nació en Cotabambas (Perú) en el año 1920, a 4,800 msnm. en un campamento minero donde trabajaba su padre como Ingeniero de Minas en el Departamento de Apurímac, y como ella decía: “He visto la luz muy cerca del sol de los incas. Soy hermana de los cóndores. Nací tan alto que solía lavarme la cara con las estrellas”. Cuenta que se incendió su casita en el momento en que ella nacía, por lo que fue rescatada por uno de los obreros mineros. Ese gesto nunca lo olvidó: “jamás agradeceré lo suficiente de haber nacido allí, me parece que tengo otra dimensión de mi país” dijo.

Provenía de la aristocracia limeña pero era la diferente entre ellos, por haber nacido fuera de Lima. Sus amas en la Sierra peruana le hablaban en quechua y ella las escuchaba como si fuera una poesía. Desde pequeña, era amiga de todos los niños sin importar su posición social, tenía la sencillez y la sabiduría de estar en todos lados. Según ella, el éxito le hizo ver otros sitios y conocer más a su país. “Me di cuenta que yo había ascendido al pueblo” contó alguna vez a un viejo amigo argentino.

Su acercamiento a la música fue desde que nació, su padre y abuelo formaron parte de grupos filarmónicos, por lo que desde niña Chabuca cantaba en su colegio y en la iglesia que quedaba cerca de su casa. Poco a poco fue formando su sentir por el lugar donde llegó a vivir en el centro de Lima, en esa Lima influenciada por el virreinato con sus balcones y las tradiciones de su gente, luego tuvo que mudarse por el frío clima al distrito de Barranco, que era como un balneario alejado.

Su interés por el arte y la expresión armoniosa se reflejaba en su admiración por el poeta Javier Heraud y compartía amistad con Cesar Calvo, a ella le llamaba la atención la trova, la revolución cubana, el gobierno revolucionario de Velazco Alvarado y demás temas sociales de nuestro país. Formó el dúo luz y Sombra con su amiga Pilar Mujica, con quien llegó a cantar en Radio Nacional. Así mismo, a mediados de los años 40 conformó un trio interpretando música mexicana.

Se casó con el brasileño Demetrio Fuller Da Costa de quien se separó en 1952. En esos años una mujer separada o divorciada no era tan bien vista, podían dejarla de lado o excluirla en la sociedad, pero Chabuca sabía cómo destacar entre los demás por su sensibilidad especial. Fue en esas circunstancias que ella empezó a brillar en su carrera, por lo que se puede decir que fue una mujer adelantada a su época.

La humildad antes que la fama

Chabuca marcó un salto a la continuidad de la música peruana, con ella el Perú fue más reconocido y aceptado en todo el mundo, para muchos su nombre es un patrimonio popular por el aprecio que tenía a su pueblo. Estuvo rodeada de músicos peruanos de renombre, como la primera guitarra del Perú Óscar Avilés. Además del guitarrista Alvaro Lagos y del cantautor, recopilador, cajonero, Carlos “Caitro” Soto con su voz grave y ronca, aquel del grito motivador exacto, para que, junto al también percusionista y bailarín, Eusebio “Pititi” Sirio, pongan al ritmo del cajón y las cucharas el golpe y el encanto de una leyenda. Ellos eran, el grupo Matalaché.

Su casi apagada voz, da la sensación que viene y se va, como si te lo cantara al oído, volviendo a decir eso que tanto uno quiere escuchar: versos en poesía. Pero, ella decía que su voz era como la de los decibeles de un San Bernardo pero con swing. Tal vez debido al problema físico que tenía en la garganta.

Sin embargo, ella demuestra que para cantar no hay que tener una excelente voz, sino decir las cosas con música desde el corazón. Mientras lo hace, se desplaza por el escenario con la armonía de un caballo de paso, llena de altanería.

El 1981 fue a México donde la entrevistaron y cantó “Una larga noche”, inspirada en una señora alcohólica. Decía que le costaba mucho trabajo hacer sus canciones, que en 31 años tenía como 120 canciones. En aquella entrevista dijo:

No hay canción si no hay sujeto, Una canción es como una carta, sino tienes nada que decir, no hay canción. Luego hay que cuidar mucho el adjetivo calificativo, por lo general el autor siempre quiere calificar o meterse dentro de eso o reprochar, y yo tuve suerte que todo eso era tan difícil para mí, inclusive el amor se lo dejé a los poetas, yo soy letrista, y apenas hice juglaría… pero no soy poeta. El poeta te sorprende, el letrista fluye. Soy una mujer muy elemental, gracias a Dios, simple casi simplona, natural y definitivamente soy popular, pero no importante. Los importantes son mis personajes.

Luego prosiguió diciendo: “El éxito me recluyó mucho, me recluí mucho, y luego adquirí gracias a Dios una enorme humildad, porque si con una canción popular o algunas canciones eres capaz de entrar al corazón de tu pueblo y al corazón de otros pueblos, pues adquiere humildad o estás perdido”. “Si no soy humilde, mejor entiérrenme”.

Asimismo refirió: “No alcancé a hacer folclore, es una cosa muy seria, probablemente si yo no fuera muy ponderada y muy severa conmigo, pensaría que he hecho folclore pero creo no haber alcanzado a hacerlo. “No es Folclore, es canción popular, es vals peruano, chiquitito a la manera nuestra 3×4… si pasan 50 años y el pueblo la acepta como tal, será folclore”. A la fecha han pasado más de 50 años, solo los peruanos podremos decir si es Folclore y si la hemos reconocido como tal.

La flor de la canela

La flor de la canela era una expresión antigua y metafórica que significa, lo mejor de lo mejor, lo exquisito. Cuando la entrevistaron en Santiago de Chile, señaló: “Yo escribí un llamado al limeño moderno para que proteja lo que queda de la capital, para que no permita que se destruyan sus puentes, sus casas, sus recuerdos; que atesore lo antiguo y lo respete”. Tal distinción podría significar nuestro patrimonio.

Esta canción la llevó a la fama, ha sido traducida en varios idiomas, y cantada por conocidos intérpretes como Raphael, Julio Iglesias, Raúl di Blasio, Rocío Jurado, María Martha Serra Lima, Caetano Veloso, Pedro Aznar, María Dolores Pradera, Lola Flores, Gian Marco, Lucha Reyes, Yma Sumac; y llevada al canto lírico en la voz de los más conocidos como Placido Domingo, Andres Veramendi y Juan Diego Florez.

Entonces, Chabuca se inspiró en el tridente limeño del río Rímac, su puente y la alameda de Los Descalzos, que es un jardín con estatuas descalzas semidesnudas; lugar donde las relucientes tapadas limeñas de la Lima antigua llamaban la atención a los atentos caballeros. Compuso esta canción de a pocos, iniciando con la frase del historiador Raúl Porras Barrenechea “El Río, el Puente y su Alameda”.

Una vez mientras trabajaba en el mostrador de una tienda en el Jirón de la Unión, la visitó quien fue su personaje ideal, su amiga Victoria Angulo por quien dijo: “Lima tendría que alfombrarse, para que ella la paseara de nuevo si así lo desea. Porque Lima ha cambiado tanto, de los años elegantes de su juventud y su adolescencia, que ya no merece recibir el paseo de esta finísima señora limeña de raza negra”.

Además esperó el momento exacto de inspiración cuando estaba con Oscar Avilés en el cumpleaños de su amigo al frente de la Plaza Dos de Mayo, José Moreno a quien le dedica la frase: Ay deja que te diga Moreno, mis sentimientos”. En plena conversación abre la ventana del balcón de par en par, contempla el cielo, abre los brazos y exclama una frase muy limeña: “¡Déjame que te cuente limeño”! Momento exacto para darse cuenta que ya había terminado el inmemorable vals.

Al ver el video de la canción queda claro que ella no se refiere al Puente de Los Suspiros, sino al del Río Rímac, simplemente porque el de Barranco no tiene río. Y porque desde esos tiempos, muchos consideran un clásico pasear desde el Jirón de la Unión hacia el Puente Santa Rosa o el Puente Trujillo a espaldas del Palacio de Gobierno, a ver las tiendas y visitar las iglesias hasta la flamante alameda.

El final de un gran comienzo

Chabuca nos dejó un legado inconmensurable, ella era la que derramaba lisuras, por la elegancia, gracia, donaire, y un corazón inmenso para decirnos que tenemos que tomar conciencia de nosotros mismos como peruanos y más como limeños.

Se nos fue físicamente en un Hospital de Miami por una isquemia cardíaca en 1983, sus restos se encuentran en el cementerio el Ángel en Lima, pero sus canciones perduran como una pintura célebre.

Pero hay más cosas que aprender de ella, como el teatro, cine y sobre la geografía de América. Por lo que sería importante para nuestra identidad como limeños y peruanos un espacio para reconocerla como en otros países con sus artistas celebres.

Aún no hemos tomado conciencia sobre su aporte. Solo el Distrito de Barranco ha elaborado un monumento de ella, pero no el Rimac o Lima metropolitana, y si es que lo hay, como el nombre de una calle en Bellavista Callao, no es destacado su reconocimiento. Un museo sería ideal con los contribuciones de sus familiares, amigos y estudiosos de su legado cultural, así lo los niños, jóvenes y todos en general lograríamos apreciar con más plenitud sus obras maestras.

Ahí si podríamos decir con justa razón: ¡”Déjame que te cuente”!

2 Comentarios

  1. Sus sentimientos y sus principios de hombres libres, encumbran a Chabuca Granda como un ícono de vanguardia social a través del canto en una faceta que muy poco se ha difundido o se dice de ella cuando se sabe que compartía ideas de luchadores sociales de su época.

  2. La máxima expresión de la música criolla en el Perú personificada en una mujer, la gran Chabuca Granda un icono de la música latinoamericana.